TABASCO. Cada dos meses, don Julio espera ‘como agua de mayo’ el depósito de su pensión de bienestar. A sus 75 años, apenas y puede trabajar informalmente, sus ingresos son cada vez más condicionados y aunque recibe ayuda de su familia, ésta no es suficiente.
Durante décadas, el ritmo de la chamba atrapó su atención, se volvió rutinario y sólo vio la vida pasar. Jamás pensó en el retiro, mucho menos en ahorrar. Desde 2019, su única entrada económica fuerte proviene de la ayuda que da el Gobierno federal a los adultos mayores.
¿Justicia? ¿dádiva? ¿coacción política? Son conceptos que para el septuagenario no hacen mucho sentido. Su tranquilidad o angustia están íntimamente ligadas a la realidad, a lo que vive antes, durante y después de cada fecha de cobro.
Eso sí, el apoyo de 6 mil pesos representa el combustible que lo mueve cada bimestre, entre el sol, entre la lluvia, hasta la sucursal del Banco del Bienestar que mejor le acomoda. Regularmente retira en el cajero que está ubicado en la avenida “Francisco I. Madero”, en el Centro de Villahermosa.
Don Julio, de apellido Cuevas, se sincera con Sintexto y confiesa que, ante la carestía de productos y servicios básicos, de la vida en general, ese subsidio que nació como ‘una esperanza para acceder a una vida digna’, ya resulta insuficiente.
A su juicio, la Pensión de Bienestar para los Adultos Mayores que inició con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y continúa con la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, comienza a perderle el paso a la inflación.
‘Hoy alcanza para menos’, afirma, resignado, preocupado.
Esta aseveración que don Julio suelta de manera testimonial, porque así lo resiente su bolsillo, tiene sustento estadístico. Una medición del INEGI correspondiente al mes de octubre arrojó que la inflación general anual en México creció a 4.76%, luego de que el Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.55 % respecto al mes de septiembre.
Este deslizamiento provocó una variación en los precios de la canasta de bienes y servicios que es representativa en el consumo de los hogares mexicanos.
Según el informe, la electricidad está entre los servicios con una mayor variación en octubre, con un alza mensual de 18.1%; mientras que productos que forman parte de la dieta diaria, como el jitomate y la cebolla, se incrementaron 15.6% y 7.2%, respectivamente. La papaya aumentó 26.9%; el tomate verde, 23.1%; y la calabacita, 19.9%, entre otros.
QUIEREN APOYO MENSUAL
Don Julio exhala un suspiro, por la ansiedad que le provoca el alto costo de la vida. Apenas comienza noviembre, y desde ahora piensa en el pago de la renta de fin de mes, de la luz, del agua, de la comida. ‘A todo eso súmale mis medicinas para la presión (arterial)’, añade, con desazón.
‘Con el apoyo que nos dio Obrador nos da para costear lo básico; en mi caso, lo uso para la renta, que son 3 mil pesos; después de eso, tengo que ver cómo me las arreglo, porque los 3 mil restantes son para comida y medicamentos’, simplifica, de manera práctica.
El beneficiario de los Programas de Bienestar llega a la conclusión de que el pago de la pensión debería ser mensual, no bimestral. “Así no se acumularían mis deudas y podría administrar de mejor manera el dinero”, resuelve.
Con él coincide doña Susana Ramos, quien recién cumplió los 65 años que establece el programa como requisito para ser sujetos del beneficio. Ventila que desde hace dos años esperaba con ansías alcanzar la edad “para cobrar la pensión y pasar los días más tranquila”.
Si el apoyo de 6 mil pesos alcanza para vivir dignamente o no, ese es otro tema. Lo único palpable, es que “sí será de mucha ayuda para la familia”, subraya, pero admite que, por la carestía, los hogares viven hoy días más complicados.
Adquirir una canasta básica supera los 1 mil pesos y eso apenas y da para una semana, ‘si bien nos va’, ironiza.
Doña Susana vive con su esposo en la ranchería Lomitas, Nacajuca. Cuentan con el apoyo de sus tres hijos, pero advierte que no le gusta depender de nadie.
Cada uno a su modo, don Julio e incluso ella misma, aceptan que la pensión de bienestar que reciben no les resuelve la vida, pero sí les sirve de paliativo para al menos enfrentar el día a día.
Antes no la necesitaba porque contaba con un empleo y un sueldo que alcanzaba para salir adelante, de manera humilde ‘pero daba’. Con la edad ya es más difícil conseguir un trabajo, porque no nos contratan, y por eso ahora tengo que depender de la ayuda del gobierno, menciona con pesadumbre, la sexagenaria.
“Toda mi vida trabajé para poder obtener mis cosas”, asiente doña Susana. “A mí ya no me dan trabajo por la edad, aunque pueda yo desempeñarlo, no me lo dan”, remata don Julio. Ambos tienen ese gesto de incertidumbre de quien sabe que ahora hay que ajustarse a lo que alcance con la pensión.