TABASCO. La frase "ya no hay trabajos soñados, sino la bendición de tener uno", define la percepción de muchos trabajadores tabasqueños.
La búsqueda exhaustiva de empleo, la precariedad laboral y la falta de reconocimiento a ciertas profesiones, han llevado a los trabajadores a valorar la estabilidad laboral por encima de otras consideraciones que dignifiquen el tiempo que dedican para generar sus ingresos.
En el último informe del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en 2024 Tabasco fue la entidad a nivel nacional donde más disminuyó la generación de empleo formal, teniendo una caída de 12.2% menos que en 2023.
Del 1 millón 65 mil 22 personas con empleo, el 63.8% de las personas están en la informalidad y 36.2% lo hace en condiciones críticas, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del tercer trimestre del año pasado. Esta misma encuesta reveló que Tabasco, con 4.4%, fue el estado donde más se encontraron personas que no tenían trabajo una semana previo a la entrevista .
Del tema incluso se habló a nivel nacional, en la conferencia matutina el pasado miércoles 8 de enero de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien atribuyó esta situación de informalidad a las obras públicas que concluyeron durante 2024, como lo fue la refinería Dos Bocas o el Tren Maya, refiriéndose a ellas como una fuente importante de ingresos de las cuales depende en gran medida la economía del sur de México.
“Justamente ayer lo comentábamos en la reunión que tuvimos; por ejemplo, Tabasco tiene una caída muy importante del empleo, porque justamente Tabasco aportaba muchísimos trabajadores a estas obras de infraestructura, entonces hay un programa de vivienda con el gobernador, en algunos casos son unidades habitacionales, en otros casos es vivienda rural que lo vamos a levantar en este febrero, para que pueda recuperarse una parte importante del empleo", afirmó.
Trabajadores en Villahermosa
Las calles de la avenida Tabasco 2000 en la capital tabasqueña, son tránsito de miles de personas que las usan como ruta a su lugar de trabajo; dicha avenida está continuamente repleta de comercios y grandes edificios. Por allí, al mediodía, caminaba Adriana Rodríguez.
Para acceder a un puesto de una Notaría Pública en la que trabaja desde hace cuatro años, tuvo que aguantar seis largos meses de una búsqueda exhaustiva. Y pese a que se relaciona con sus estudios universitarios, no puede afirmar que sea el trabajo que hubiera elegido de tener la oportunidad. Ella está inconforme con su salario, pero no así con las horas que labora.
Además de Adriana, dos emprendedoras más están conformes en sus trabajos, y pese a que dedican su tiempo en lo que les gusta, no consideran justo su salario.
Gretel Monserrat Gómez y Rosario Vázquez Domínguez son dos emprendedoras, carentes de prestaciones y servicios que un empleado en la formalidad podría tener.
Para la primera es un trabajo temporal, sus ingresos le permiten estabilizarse mientras se dedica a estudiar Derecho, ya que vive con sus padres y en ocasiones suelen apoyarla. No obstante, para la segunda es el trabajo del que depende Rosario y más personas.
Doña Rosario vende pastelitos a las afueras de los bancos cercanos al Palacio Municipal. En este inicio de año el clima le ha favorecido en sus ventas. En 30 años de servicio, le ha tomado cariño a su empleo, pero inició porque se dio cuenta que en esta actividad podía llegar a ganar más, que siendo empleada.
“En un principio me di cuenta de que aquí se gana bien. No tengo porque buscar trabajo en otro lado, porque aquí gano más que las personas que están asalariadas”. Incluso, mencionó que es ella, la que emplea a personas para trabajar.
Pero a costa de esto, tiene que dedicarle hasta 15 horas diarias a su trabajo; una jornada que inicia desde las 3 de la mañana en la elaboración de los pastelitos, hasta las seis de la tarde en la que se termina su venta.
Empero, en muchas ocasiones puede terminar antes. “Puedo venir cuando yo quiera, si mañana me quiero parar tarde y no voy a venir, no vengo. Ya sé que ese día no va a entrar dinero, pero no hay quién me presione por no llegar”, dice doña Rosario, quien considera esto como un lujo más, como patrona.
Ricardo Ramírez Morales es un joven recién egresado de una ingeniería que se impulsó desde sus prácticas profesionales para hacerse del trabajo al que se quería dedicar, no sin antes, haber tenido que soportar las intensas jornadas en una abarrotera que le permitía tener ingresos para costear sus estudios, mismos que hoy le han dado la independencia y un ingreso que le da estabilidad.
Es un escenario que contrasta con la historia de Guadalupe Jiménez Martínez, quien una complicación en su salud la obligó a dejar su trabajo de empleada domestica desde hace un año.
Como miles de personas, ella no pudo acceder a una educación escolar que le permitiera abrir mejores oportunidades laborales, optó por la limpieza y pensar. “Todo lo que sea trabajo es muy bienvenido en mí”, afirma, pero considera injusto el sueldo percibido a cambio de las 12 horas que destinaba a su actividad.
Todo este tiempo, ha sido apoyada económicamente por su hijo y espera que el día que pueda volver a trabajar, no sea complicado conseguir un trabajo.
Pero tener una educación avanzada, no es garantía de un trabajo más digno en Tabasco.
Es el caso de Saraí Rivera López, enfermera que empezó este año con el trabajo que ‘le encanta’. Su experiencia y dedicación bastó para ser recomendada en su empleo actual, pero revela que de no tener esta suerte, sería demasiado complicado.
“Para cuidar pacientes (particularmente), los familiares no van a estar dispuestos a dejarlos en manos de personas que no tengan referencias del trato o la experiencia”.
Ella dedica 12 horas a su trabajo y considera que sus ingresos por ese tiempo no son justos, ya que es despreciar su conocimiento.
“Desafortunadamente la enfermería es poco valorada. Sólo piensan que es inyectar y nosotros hacemos mucho más. Hacemos una labor más pesada que un médico (...) en cuestión de esfuerzo físico es demasiado. Muchas veces los familiares de los pacientes no quieren pagar por lo que sabemos. Ellos quieren ponerle valor a nuestro trabajo y en esa parte sí se nos dificulta hallar un buen trabajo”, concluye.