TABASCO. El consumo de sustancias ilegales se suele relacionar a entornos con características de precariedad; sin embargo, se ha demostrado que esto no es una norma. No por nada existe a nivel nacional una campaña preventiva y permanente promovida en las escuelas de México llamada “Aléjate de las drogas. El fentanilo mata”, campaña impulsada por la Secretaría de Educación Pública (SEP).
El Parque de la UJAT, a la orilla de la Laguna de las Ilusiones, en la ciudad de Villahermosa, a plena luz del día, reafirma la idea de que las drogas no son exclusivas de los entornos con mayores necesidades.
Al mediodía, un grupo de aproximadamente 10 jóvenes está reunido en uno de los dos kioskos y bancas del parque. Algunos usan gafas de sol, playeras oversize, camisas de cuadros, polo e independientemente de su vestuario variado, todos cargan una mochila en su espalda.
Una nube de humo que sale de sus bocas, viaja y se mezcla entre los amigos y algunas de sus manos sujetan una lata mediana que tiene un logo que dice “Corona”. Algunos se distribuyen en el angosto pasillo a la orilla de la laguna.
No son el único grupo en el parque, porque también los hay quienes deciden fumar caminando y sujetan, como entre las uñas, el final de un cigarrillo de marihuana, o lo que ellos llaman “la bacha” de este cigarro y a lo largo del día, es posible percibir el característico olor a “hoja quemada”.
Desde su remodelación en 2022, junto a la construcción del distribuidor vial de avenida Universidad, este parque ha conseguido atraer el espíritu familiar, que tanto padres e hijos, disfrutan de la vista y de los juegos infantiles que ahí hay. Pero dicha remodelación no bastó para dejar atrás la mala conducta de los visitantes que se reportaban desde antes de que el parque fuera intervenido por las autoridades.
De esto son testigos otros estudiantes pertenecientes a las divisiones que se encuentran en esta sede de la UJAT. Entre ellos está Osiris Silván, estudiante de la División Académica de Ciencias Económico Administrativas (DACEA). Osiris suele llegar junto a sus amigos a recibir el fresco de los árboles y representar un respiro en un clima cálido y húmedo como el de Tabasco.
Aunque el parque es tranquilo y la relaja de sus labores escolares, considera que faltan más bancas, razón por la que este día permanece junto a otros dos compañeros, en un espacio de concreto en medio del pasto.
Recuerdo que antes de la remodelación del parque, este era considerado inseguro, tanto que “se veía muy mal” y “se daban mucho los asaltos”, recuerda Osiris .
Sin embargo, aún con su rehabilitación, este parque no termina de convencer a los jóvenes estudiantes. “Todavía hay una partecita que se ve como que, puede ser uno, víctima de una situación peligrosa (…) está muy susceptible a que pueda haber alguien (escondido) o pueda pasar algo”.
La falta de algún oficial, que según estudiantes como peatones, dejaron de ver desde inicios del nuevo ciclo escolar, esto hace tres meses, alimenta más la percepción de inseguridad y propicia la proliferación de grupos de jóvenes que consumen alguna sustancia.
“Sí, demasiado”, dice Osiris con una sonrisa nerviosa, casi de lamento, al responder sobre quienes acuden al parque a consumir sustancias como la marihuana.
“Aunque se vea mal, uno solo está aquí y piensan que es que a eso vienen, porque, la mayoría a eso viene”, esto, de acuerdo con la joven, es la causante de darle mal aspecto al parque. “Si vienes a cualquier hora, siempre vas a encontrar a un grupito fumando”.
Refiere la estudiante que no son problemáticos, pues “siempre están en su mundo”, pero sí asegura que en su mayoría, son estudiantes, pues cuando un policía merodeaba los pasillos del lugar, “no venían hasta acá a fumar”, afirma Osiris.
Esa es una afirmación que no se atreve a hacer Roberto Esquivel. Él se ha detenido a ajustar algunos artículos que coloca en su medio de transporte: una bicicleta. Por la ubicación de su trabajo y su casa, todos los días transita por este parque, y como no tiene un horario fijo, transita por la mañana, al medio día y la tarde-noche.
Esta rutina le permite no sólo observar a los presuntos estudiantes, sino también a las familias que dan uso del espacio dedicado a las infancias y ha llegado a la conclusión de que no importa que este parque sea remodelado, pues con remodelación o no, “siguen fumando”.
“A veces encuentro a chicos consumiendo… vulgarmente, marihuana, que es lo que se siente”, dice Roberto, pese a ello, puede percibir cierta tranquilidad, aunque advierte que no debería de normalizarse la situación, pues tiene que haber “consideración con las familias”, señala.
Actualmente, el parque ya cuenta con una valla perimetral que impide el paso a la laguna: empero, don Roberto recuerda la tarde antes de la remodelación, donde la falta de alumbrado público en la zona, le impidió darse cuenta a tiempo que un cocodrilo se había salido de la laguna, “que si no te das cuenta, te chocas con él (…) casi no se veía”, dice.
Incluso recuerda el tiempo sin alumbrado público en esta zona donde las lámparas colocadas en su bicicleta, le revelaban entre la oscuridad, a algunos indigentes dormidos en la banca, y los que estaban despiertos consumían algunas sustancias.
Este espacio para él ya no es tan inseguro, pero piensa que podría “ser más familiar”.
“Hay familias que vienen de fuera y que quieren venir a descansar, pero si ven que está oscuro o está solitario, pues ya casi de noche ya no salen (…) si está una pareja con sus niños, y los chicos, aunque estén tranquilos y estén consumiendo algún enervante, obviamente que se alertan”, comparte.
Por lo que coincide con la joven estudiante en que la presencia de policías sí es necesaria. “Sobre la avenida sí hay, pero falta para la gente y las chicas que caminan en la tarde y ya es noche, que a veces pasan por ahí y puede que algún loco aparezca”.
Como bien se ha dicho, don Roberto no se atreve a asegurar que la mayoría de los que observa consumiendo alguna sustancia, pueda ser estudiante, pero asevera que “son jóvenes, son muchachos”, que no son personas en situación de calle, “son gente que van bien, visten normal, no vienen con carencias”. Eso sí, señala que no siempre los encuentra.
Cuando el sol está por hundirse del otro lado de la laguna, muchos jóvenes ya se han ido y algunas madres de familia observan a sus hijos jugar en los toboganes del inmueble de recreación.