TABASCO. Los mexicanos no sólo luchan por lo que quieren, sino que además, lo hacen hasta el final. Al menos así ha funcionado la vida para Roberto Morales Olán, un vendedor de aguas frescas de la ciudad de Villahermosa, quien luego de afrontar un reto que atentaba contra la continuidad de su emprendimiento, sacó el máximo de su ingenio para inventar un prototipo que lo llevó a las pantallas de la televisión nacional.
Él mismo acepta que esto no habría podido lograrlo sin Blanca Estela Calderón Solís, su esposa, a quien considera “una bendición de Dios”. Don Beto, como también se le conoce entre su clientela, comenzó a trabajar desde los 16 años en una imprenta dentro de la Zona de la Cultura de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT).
Entraba a las ocho de la mañana y terminaba de laborar hasta las once de la noche. Pero su ánimo por mejorar sus ingresos lo llevó a rentar un espacio dentro de la universidad, un espacio para vender tacos en la década de los ochenta y para ello contrató a una persona para atender el puesto.
“Antes, cuando no vendía agua, vendía pollo, pescado, después vendí queso dentro de la Universidad (…) siempre ha sido misma manera de ser, trabajar y vender aparte, trabajar por mi cuenta”, recuerda don Roberto, quien estuvo así cerca de 27 años, hasta que se jubiló, pero todavía con fuerzas para seguir trabajando.
El destino lo llevaría a encontrarse con Blanca Estela, a quien el tiempo volvería su pareja de vida. Entonces ella formaba parte de la base trabajadora de la UJAT, pero en la División Académica de Ciencias de la Salud (DACS). La pensión de su jubilación no lo convencía y así, en el año 2015, se adentró en la DACS donde consiguió un permiso para vender aguas frescas.
BEBIDAS INNOVADORAS
Al buen tiempo, fue bien recibido por la comunidad de la universidad, sus aguas de maracuyá, pitahaya, naranja, horchata con guanábana, piña, pozol y sandía se vendían con fervor, en especial su famosa choco alteza, de la que hasta la fecha vende en promedio seis garrafones de 20 litros cada día; todas llevan el sabor que doña Blanca Estela, le da a las bebidas, pues don Roberto resalta, que ella es la encargada de dichos sabores.
Sin embargo, alrededor de 2019, alumnos de la división circularían en redes sociales su desaprobación en cuanto a una decisión tomada por la recién instalada nueva administración: todos los vendedores dentro de la escuela, estaban siendo expulsados.
“Todos los compañeros que estaban ahí, todos se fueron, yo fui el único que quedó ahí nada más”, dice, para referir que desde entonces se instaló en la parte de afuera de la división, en una esquina del fraccionamiento Palmitas, donde aún vende para alumnos y profesores de la universidad, pero de una forma peculiar.
Miembros de la sociedad de alumnos abordaron a don Beto para informarle, sin previa notificación, que tendría que retirar su puesto de aguas. Ese día, había llegado a trabajar como cualquier otro, y así, sin más, le fue informado que el permiso que le avalaba la venta de aguas frescas dentro de la división, ya no sería respetado.
Regresó a su casa y al día siguiente fue con el delegado de Palmitas, quien le dijo que podría vender sin problema sobre la banqueta. Pero al instalarse, se encontró con una valla perimetral alta, de color verde, que le impedía vender los productos a sus clientes. Sin embargo, había encontrado un pequeño espacio de la valla dañada por donde podía pasar los vasos, hasta que la dirección se dio cuenta y, solo así, lo arreglaron.
“Le dije a mi esposa, ¿ahora cómo vamos a seguir la venta? entonces uno como hombre, a veces uno tiene que pedirle a Dios que no nos abandone. Yo le pedí a Dios sabiduría, y esa misma noche, pensando, me vino la idea, dios me da la inteligencia de hacer esa pluma”, recuerda Roberto Morales.
Se refiere a una especie de base que, sostenida por una cuerda, forma una especie de polea que le ha servido para cruzar los vasos a quienes les piden les venda aguas frescas.
De inmediato se dio cuenta que su epifanía llamaba la atención de los peatones, que no dudaron en subirlo a redes sociales. Al poco tiempo, una persona lo abordó, identificándose como José Raúl Reyes, corresponsal de TV Azteca en Tabasco. Así, su invento había llamado la atención para salir en programas como Adn40, Venga la Alegría, Al Extremo, así como en diarios locales.
El vendedor recuerda con cariño a una doctora de la división, quien, al enterarse de que se había instalado afuera de la DACS, tomó un plumón y escribió en el pizarrón una invitación a sus alumnos, a quienes les dio a conocer que el señor de las aguas se encontraba vendiendo en la parte de afuera, “apoyemos a don Beto, escribió, porque don Beto ha sido una buena persona que nos atiende bien”, dice que eso le atrajo muchos clientes de la universidad.
Aunque los problemas con las autoridades universitarias no acabaron ahí. Para ellos, era un problema que los vasos de unicel se encontraran dentro de la división, mismos que “eran basura para ellos”.
Pronto llegó la calma y don Roberto continuó con las ventas. “y así, todavía pasó los vasos con el invento”, afirma riendo. “El hombre se las tiene que ingeniar de una u otra forma, porque a veces, aunque tu quieres trabajar hay personas que no te dejan trabajar”.
"NADA ES FÁCIL"
Don Roberto disfruta de su trabajo, pero como la mayoría de emprendedores de alimentos, sus jornadas laborales son extenuantes, y “no es nada fácil”, afirma antes de revelar que su día inicia a las dos de la mañana para preparar las esencias de la fruta, para después combinarlas con el hielo y el agua. Es un proceso que dura desde las dos hasta las seis, no puede durar más, porque a las siete de la mañana tienen que estar instalados ambos puestos.
Allí permanecen hasta las cuatro de la tarde, cuando empiezan a recoger los termos témicos de 20 litros color naranja. A su casa llega a comer algo, para después comenzar la limpieza de los galones para dejarlos esterilizados
“Todavía tenemos capacidad gracias al padre celestial Dios todopoderoso, que nos da la fuerza y la salud, y la verdad tengo una bonita mujer que es la que me apoya en todo, ella y mis hijos, somos una familia unida que todos le entramos al mismo negocio”, dicen don Roberto.
En tanto, doña Blanca Estela, ha permanecido expectante a la entrevista de su esposo y, entre ratos lo apoya para recordar algún dato. Esto al tiempo que atiende a la clientela fiel que desde hace cinco años han formado a las afueras de la Zona de la Cultura de la UJAT.
“Aquí las autoridades nos corren porque no quieren vendedores ambulantes (…) lo afronto porque, uno como mexicano debe de luchar hasta lo último, luchar por lo que tu quieres”, dice don Roberto quien recuerda que de estas ventas, no sólo depende él, sino su familia, además de que le ha podido dar oportunidad a más personas de tener un empleo.
Recientemente ha vuelto a tener problemas en la DACS, donde no tiene un permiso, y aunque ya lo solicitó, no le han respondido. Desde donde sucede la entrevista ya está todo regularizado, pero “falta la Universidad que nos acepte como vendedores, como gente que lucha para subsistir, porque no es fácil; levantarse a las dos de la mañana y retirarse de aquí a las cinco de la tarde, pues es pesado”, asevera, recordando que pueden buscar su página de Facebook con el nombre de “La Esquinita del Choco”.