TABASCO. ¿De qué sirve el programa “Sembrando Vida” frente a la enorme contaminación ambiental provocada por Petróleos Mexicanos? “De poco o de nada”, responden, enérgicamente, sin titubeos, Andrés de la Cruz Carrillo y Juan Peralta Jiménez, dos campesinos de "Tránsito Tular" y "José María Pino Suárez", comunidades infestadas por la actividad petrolera en el municipio de Comalcalco.
Sembrando Vida, el programa estrella del régimen de la 4T, “se queda corto, lo que Pemex toca, lo mata, esto no es vida (…) los viveros donde se plantan los árboles maderables y frutales, están corroídos, destruidos, por la polución petrolera", denuncia De la Cruz Carrillo, en medio de tierras prácticamente inservibles para la agricultura y cualquier otra actividad productiva.
El panorama es desolador, desesperanzador, si a eso se añade otro elemento infaltable: la corrupción. “Los técnicos encargados de vigilar el programa de reforestación, prefieren recibir moches, para no denunciar a la empresa pública”, acusa.
Se queja de que “en asuntos de agricultura, hay poca producción. Nos afecta en lo que es producción. Aquí nosotros nos dedicamos a la agricultura. A la siembra de cacao, coco, naranja, pimienta, aguacates, todo eso ya no se produce, por culpa de la explotación de Pemex”.
La denuncia se fortalece con el testimonio de Juan Peralta, comisariado ejidal de ‘Pino Suárez’, donde 30 ejidatarios están inscritos en “Sembrando Vida”.
CORROMPEN PROGRAMA
“El programa quizás esté bien (…) pero hay mucha corrupción. Hay corrupción en los mismos productores, muchos no producen nada y siguen cobrando, y también en los técnicos, que son responsables de vigilar, pero no reportan a los que no producen, ¿por qué? porque reciben su moche”, critica.
Una práctica recurrente es la simulación. “Los que no producen compran los frutos que otros cosechan, para hacer como que ellos lo hicieron. No hay quien supervise, y los que tienen que hacerlo reciben su tajada para reportar que todo está al cien”, recrimina el líder comunitario.
Caso contrario son los campesinos que sí se esmeran en trabajar sus tierras, pero la contaminación petrolera no les permite que los viveros produzcan los arbolitos. A esos, la llamada “lluvia ácida” mata sus cultivos. “Se les seca el cacao, el coco ahí lo dejan, se les muere (…) nada sirve”.
Peralta Jiménez relata que los árboles de achiote sí resisten la “lluvia ácida”. El problema es que no hay mercado para venderlo y todo se pierde. También “el mango todo se perdió, la naranja también, el limón es el único que tiene un poquito de venta”.
El llamado de auxilio al Gobierno federal es que “les busque mercado a los productos agrícolas”, porque de qué sirve producir la semilla o la fruta, si se va a perder. Mejor no siembro nada”, en eso también coinciden los denunciantes.