TABASCO. Carmen, Martha e Isela entrañan tres historias de supervivencia. Ellas vivieron para contarlo. Las tres se sobrepusieron al horror de la violencia familiar.
En Tabasco, como en gran parte de México, la violencia familiar sigue siendo una realidad que afecta a miles de mujeres y niños. Sin embargo, hay historias de valentía que emergen del silencio, narradas por quienes alguna vez fueron víctimas.
En un país donde más de la mitad de sus mujeres han sido violentadas a lo largo de su vida, cobran relevancia los testimonios de tres mujeres que lucharon para revertir su situación de vulnerabilidad.
“Les digo que no se dejen, valen mucho y ustedes mismas tienen que hacerse valer y no dejarse maltratar”, clama Carmen Hernández Carrera.
“No se dejen, pero no agredan, no insulten, traten de hacer con inteligencia las cosas (…) si nosotros mismos buscamos apoyo sin darle información al agresor, ya no le damos motivo para que nos siga agrediendo”, agrega Martha Méndez.
“Cuídense mucho, conozcan bien a la persona con quien están y salgan adelante con sus estudios”, recomienda Isela Yanet Vázquez Salas.
Estas mujeres, al igual que Marina Sánchez de la Fuente, otra víctima que sí optó por la denuncia, reflejan la complejidad de un problema que trasciende las estadísticas: la lucha por romper el ciclo de violencia en un contexto donde el miedo, la normalización y la falta de apoyo institucional predominan.
EL SILENCIO QUE PERSISTE
La violencia contra las mujeres en México no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que sigue creciendo.
Según la Encuesta Nacional Sobre las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2022, el 70% de las mexicanas ha experimentado violencia a lo largo de su vida, un aumento del 4% respecto al 66% registrado en 2016.
No obstante, el 84% de éstas no denuncia, y más del 60%, según estimaciones de ONU Mujeres, ni siquiera confía su situación a alguien cercano. Este silencio es alimentado por múltiples factores: la normalización de la violencia en las familias, el miedo a represalias y la falta de políticas efectivas.
Marina Sánchez de la Fuente por poco se une a esa cifra negra. Pero hoy puede decir que la historia es otra, al afirmar mientras sonríe:
“Creo que vas superando todo eso, te das el valor tu misma, para seguir adelante”, porque, luego de muchas sesiones de terapia, en el olvido han quedado aquellos cinco años que el padre de sus hijos hacía que cada palabra se clavara en sus emociones, dañándola profundamente, porque no podía creer que la persona a quien ella amaba, la odiara tanto como para no pensar en lo mal que le hacían sus insultos.
En contraste, Carmen, Martha e Isela nunca denunciaron. Para ellas, factores como la vergüenza, la presión familiar y la desconfianza en las autoridades fueron barreras infranqueables.
Este patrón se repite en todo el país, donde la Red Nacional de Refugios (RNR) reporta un aumento del 103% en denuncias de violencia familiar entre 2015 y 2024, pero también evidencia que muchas mujeres optan por el aislamiento en lugar de buscar justicia.
NO HAY DENUNCIA
ONU Mujeres es la organización de las Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Demostrando así que por cada caso visibilizado de violencia familiar en contra de una mujer, hay una gran cifra que se mantiene en las sombras del silencio.
La ONU Mujer (la entidad de las Naciones Unidas que promueve la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres), estima que más del 60 por ciento que experimentan violencia, no le confía a nadie la situación, y más del 90 por ciento, jamás presenta una denuncia.
El panorama en Tabasco refleja la tendencia nacional. Julia Rivillaga, directora de análisis y estadística del Observatorio Ciudadano de Tabasco, afirma que el 90% de los casos de violencia familiar afecta a mujeres, y en 2024 se iniciaron 7,288 investigaciones por este delito en el estado, un promedio de 24 diarias.
El municipio de Centro concentra la mitad de estos casos (3,443). Aunque las denuncias disminuyeron un 3% respecto a 2023, la ENDIREH revela que entre 2016 y 2021, la violencia familiar en Tabasco aumentó del 8.1% al 11.3% en mujeres afectadas en los últimos 12 meses.
A nivel nacional, el Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) indica que el 74% de las agresiones contra mujeres son perpetradas por hombres.
En 2024, se registraron 326,328 llamadas al 911 por violencia contra mujeres, pero solo 278,289 se convirtieron en denuncias, dejando al menos 35,000 casos sin judicializar.
En Tabasco, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) estima que solo el 6% de los delitos genera una carpeta de investigación, y en violencia familiar, la cifra negra ronda el 90%, similar a delitos como la extorsión.
Claudia Magaña Lugo, titular del Instituto Estatal de la Mujer (IEM), destaca un aumento en la demanda de atención en la entidad: de 20 a 35 casos diarios en 2025, con picos de hasta 145 semanales.
Municipios como Jalpa, Nacajuca, Comalcalco y Paraíso muestran un incremento del 50% en mujeres que buscan ayuda, lo que Magaña atribuye a una mayor difusión de los servicios del IEM: “No significa que antes no existiera violencia, simplemente que ya saben a dónde acudir".
En Tabasco, de cada 100 delitos que ocurren, únicamente a 6 se les inicia una carpeta de investigación.
“De acuerdo con la información del INEGI, nos dice que por ejemplo, en extorsión, esta cifra negra es mucho más alta que el promedio; es decir, prácticamente la extorsión no se denuncia, es del 99% la cifra negra”, subraya Julia Rivillaga.
Para la directora de Análisis y Estadística del Observatorio Ciudadano, la violencia familiar está también en ese rango. Menciona que el caso de las denuncias por robo de vehículo, la cifra negra apenas es de un 30%, pero porque para hacer válido el seguro o para protección de la identidad de la víctima, se requiere de la denuncia, es decir, se vuelve casi obligatoria.
Por su parte, la titular del IEM, Claudia Magaña, declara que entre el 26% y 30% de las tabasqueñas, tienen miedo, vergüenza o consideran una pérdida de tiempo realizar una denuncia, mientras que la directora Julia Rivillaga indica que “normalmente la víctima está siendo violentada por alguien cercano, eso le genera mucho temor, y por lo tanto, ese temor la lleva a que no ponga una denuncia”.
BARRERAS Y ESPERANZAS
¿Por qué tantas mujeres no denuncian? Carmen Hernández recuerda cómo la violencia la dejó “por los suelos,” pero desistió de buscar justicia por “pena y perdedera de tiempo”. Las autoridades le pedían testigos, algo que no pudo proporcionar.
Martha Méndez, madre de cinco hijos, temía represalias: “Si denunciaba, iba a ser peor.” Optó por separarse sin denunciar, priorizando la tranquilidad de sus hijos. Isela Yanet, por su parte, admite su desconocimiento: “Nunca supe cómo hacer todo eso".
Martha habla de la violencia vivida en el pasado y le es imposible no hablar de sus hijos.
“Según yo lo hacía por mis cinco hijos, pero cuando me di cuenta ya no soporté más y me separé (...) nunca denuncié porque, en primera, yo sabía que si denunciaba, iba a ser peor, porque él nos decía que a dónde iba yo a ir, porque se iba a ser más difícil la situación, que yo no le iba a poder dar estudio a mis hijos; muchas cosas. Entonces ya para qué lo denuncio; si él quería hacerse responsables lo iba a hacer, denunciado o no denunciado; mejor me separé y las cosas cambiaron", menciona.
Después de eso sintió tranquilidad. “Creía que el estar soportando, era para que mis hijos estuvieran bien. Pero luego cuando desperté de esa pesadilla y me di cuenta que si seguía con los niños ahí, iban a ser violentos o se iban a desintegrar como niños que buscan en otro lado y ya no en la familia (...) un día encontré a mi hijo, con mi hija chiquita llorando en su recamara y le pregunté que si qué le pasaba. Me dijo: mami, lloramos porque no sabemos qué hacer. Les dije, no se preocupen, yo me separo de tu papá, nos vamos, para que ya no nos siga molestando”, relata Martha.
Isela Yanet Vazquez Salas comparte su historia: “me sentía muy triste y más que nada, estaba afectando mucho a mi hijo. Muchas veces me dijeron que denunciara, pero yo era una muchacha inocente, que no sabía cómo hacer todo eso”.
A Isela, le hubiera gustado denunciarlo, pero jamás recibió información sobre las instancias disponibles en Tabasco. “Es muy difícil y tienes que analizarlo constantemente para que puedas dejar definitivamente a esa persona. Mi hijo fue mi más grande apoyo, el único y seguirá siendo él”.
El IEM y el reciente Centro de Justicia, Empoderamiento e Igualdad para las Mujeres de Tabasco (CJEIMET) buscan romper estas barreras con atención psicológica, jurídica y refugio temporal. Sin embargo, de este último, Julia Rivillaga duda de su impacto: “No hay evidencia clara de que esté funcionando como debería”.
A esto se suma la reducción presupuestal a la Red Nacional de Refugios, que en 2025 perdió 21.8 millones de pesos, un 4.3% menos que en 2023, pese a haber salvado a más de 190,000 personas en el sexenio anterior.
Aun así, hay avances. El IEM promueve herramientas como el “violentómetro,” traducido a lenguas indígenas como el chol y yokot’an, para educar sobre las formas de violencia. Estas iniciativas, junto a las voces de sobrevivientes, son un llamado a no normalizar el abuso y a buscar apoyo, con o sin denuncia.
La violencia familiar en Tabasco y México es un problema arraigado que requiere más que buenas intenciones. Las historias de Carmen, Martha, Isela y Marina muestran que salir del ciclo de violencia es posible, pero el silencio y la falta de recursos institucionales siguen siendo obstáculos.
Conforme las denuncias crecen, también lo hace la consciencia de que el cambio empieza con el valor de las mujeres y el respaldo de una sociedad que deje de callar. Como dice Marina: “Te das el valor tú misma.” Ese, quizá, sea el primer paso hacia un futuro libre de violencia".









