TABASCO. En la confluencia de las avenidas José María Pino Suárez y Constitución, en la colonia Centro, un taller familiar se aferra a un oficio ancestral: la talabartería. Con casi 30 años de edad, Yahir Valencia, lidera junto a su padre y hermana, el negocio "El Moro", un santuario de artículos de piel 100% hechos a mano. Más que un trabajo, es un legado que inició su abuelo en el municipio de Centla y que ahora defienden en un mercado dominado por las grandes marcas.
La historia de los Valencia con la talabartería comenzó en Simón Sarlat, Centla, una localidad conocida por sus artesanos de la piel. El padre de Yahir, José del Carmen Valencia, de 57 años, heredó la pasión y la transmitió a sus hijos desde pequeños.
"Nosotros estábamos pequeños y nos empezó a llevar al taller. Ahí comenzamos lo que es el oficio", recuerda Yahir, quien se unió formalmente al negocio a los 16 años por necesidad, pero pronto se enamoró del arte.
Elaborar un cinturón desde cero puede tomarle hasta una hora, pero artículos con más detalles como bolsas o calzado pueden requerir uno o dos días de trabajo. Yahir asegura que la clave no sólo está en tener las herramientas bien afiladas, sino en poseer una precisión casi quirúrgica.
En su experiencia, se necesita al menos un año para dominar el 70 u 80% del oficio, todo depende del interés y la dedicación.
¿CALIDAD O MARCA?
El principal competidor de los Valencia no son otros artesanos, sino las grandes tiendas departamentales que, según Yahir, priorizan la marca sobre la calidad. "Nosotros le ofrecemos no marca, sino artículos de piel que durarán muchos años. Desde 5, 10, 15 años puede durar el artículo. O sea, ofrecemos algo más duradero", afirmó.
La familia Valencia ha expandido sus conocimientos a otros municipios de Tabasco como Comalcalco, Paraíso y Tacotalpa. Han observado con optimismo cómo, poco a poco, la gente valora más el trabajo artesanal.
Una de las grandes ventajas que ofrecen es la personalización y la restauración, servicios que las grandes marcas no pueden igualar.
"La gente ya se está dando cuenta de que nuestros artículos son duraderos y ya no se va por la marca", explica Yahir. El negocio, que se mudó a Villahermosa hace nueve años después de una caída en las ventas en Santa Cruz, ha crecido significativamente. De ser sólo unos pocos talleres, ahora se estima que hay hasta 10 trabajando en el mismo oficio en la zona, lo que demuestra un resurgimiento de este arte milenario.









