La reciente detención de Hernán Bermúdez, exsecretario de Seguridad de Tabasco y presunto líder de “La Barredora”, ha desatado una profunda crisis en Morena, el partido gobernante en México. Este evento, que coincide con la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tabasco por cuarta vez tras una reprogramación en el punto álgido, pone de manifiesto las tensiones internas y las acusaciones cruzadas dentro del partido que ahora enfrenta varios frentes como el caso del Huachicol Fiscal.
El origen de esta crisis se remonta a la presunta vinculación de Bermúdez con el crimen organizado, lo que ha generado un cruce de declaraciones entre figuras clave de Morena. Por un lado, el gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez, ha responsabilizado directamente al exsecretario de Gobernación, Adán Augusto López, por la entrada del crimen organizado al estado. May Rodríguez había advertido previamente que Bermúdez tendría que rendir cuentas ante la justicia.
Por otro lado, Adán Augusto López, ahora senador, ha intentado deslindarse, afirmando que ya no era secretario de Gobernación cuando Bermúdez fue destituido de su cargo. La propia Presidenta Sheinbaum, ha tenido que intervenir señalando que fue el expresidente Andrés Manuel López Obrador quien solicitó la destitución de Bermúdez tras indicios de vínculos con el crimen organizado, para tratar de controlar los daños.
Esta contradicción entre las versiones de los líderes de Morena no solo subraya la falta de cohesión interna, sino que también erosiona la imagen de un partido que se ha autodenominado como la fuerza del cambio y la lucha contra la corrupción. La detención de Bermúdez, que enfrenta una posible pena de más de 158 años de prisión, expone la fragilidad de las instituciones de seguridad en Tabasco y plantea serias dudas sobre la supervisión y el control ejercido por los anteriores mandos.
La crisis en Morena va más allá de un caso aislado de corrupción; es un síntoma de las batallas de poder y las divisiones ideológicas que han surgido tras el ascenso al poder. La necesidad de rendir cuentas y de clarificar responsabilidades se vuelve imperativa para que el partido pueda mantener su credibilidad y legitimidad ante la ciudadanía, especialmente en un contexto político donde la transparencia y la honestidad son demandas fundamentales.









