TABASCO. Con más de dos décadas endulzando paladares tabasqueños con sus tradicionales platanitos rellenos, Marlene Díaz, propietaria de "Platanitos Don Nico", es un claro ejemplo de cómo el talento culinario puede transformarse en un poderoso acto de amor y servicio. Amante del arte de los antojitos, Marlene no sólo comparte su sazón, sino también su gran corazón en diversas causas benéficas.
Desde hace ocho años, Marlene ha sido una parte fundamental de los voluntariados del Centro, dedicando su tiempo y esfuerzo a quienes más lo necesitan. En la reciente segunda edición del Maratón de Ayuda del DIF Tabasco, esta incansable mujer comenzó su jornada de cocina a las 4 de la mañana, preparando sus deliciosos platillos para apoyar la noble causa.
"Hay que apoyar a los niños, hay niños muy sufridos, muy necesitados de amor, no nada más en lo material, sino en el cariño", expresa Marlene, conmovida por la vulnerabilidad de los pequeños.
Su negocio familiar, "Platanitos Don Nico", aunque no cuenta con un local fijo, es bien conocido por sus puntos de venta en el parque Centenario 27 de Febrero y en Walmart de Ciudad Deportiva.
Marlene recuerda que fue la necesidad de trabajo lo que la impulsó a iniciar este emprendimiento junto a su yerno, una historia que hoy la conecta aún más con aquellos que enfrentan dificultades.
A pesar de las adversidades sociales actuales, Marlene mantiene una visión optimista y esperanzadora sobre la bondad humana.
"Hay mucha gente que sí apoya, hay mucha gente que tiene ese cariño todavía hacia los necesitados", afirmó. Para ella, compartir es fundamental, y no solo se limita a lo material: "A veces, si no se puede económicamente, con cariño también es muy bien recibido por los ancianos, los enfermos, los niños; todos necesitan amor".
Además de sus famosos platanitos rellenos, Marlene deleita a sus clientes con una variedad de antojitos, incluyendo tortas de milanesa y de cochinita.
Su participación como voluntaria en el reciente maratón es un testimonio de su compromiso inquebrantable con la comunidad y de cómo la pasión por la cocina puede ser un vehículo para la solidaridad.









