TABASCO. Concluyeron su nivel secundaria en el Centro de Atención Múltiple (CAM) Número 23, ubicado en el corredor indígena chontal de Tamulté de las Sabanas, pero ahora se han impuesto un nuevo reto: aprender a hacer pan en el taller de la institución de educación especial; sin embargo, ésta enfrenta una carencia crucial: no tiene horno industrial.
Son doce alumnos del CAM que, pese a sus condiciones y limitaciones, lograron terminar un capítulo importante en su formación. Se siente motivados, porque han dado el paso hacia otra fase en su instrucción: adquirir los conocimientos básicos para emprender un negocio o, bien, emplearse en alguna panadería de la zona.
En la unidad educativa localizada en la comunidad Rovirosa de la zona Yokot´an, los jóvenes reciben el curso de panaderos y cocinan sus piezas en una estufa convencional.
La maestra Mariel Carmen Hernández Pérez, quien imparte el taller, explica que de inicio, los egresados de secundaria están aprendiendo a elaborar galletas de mantequilla, e incluso, ya atienden algunos pedidos, como los que se le han hecho a Glendy y a Tania, dos alumnas del CAM.
“Nosotros nos adecuamos a las peticiones de nuestros alumnos...trabajamos de acuerdo con lo que ellos quieren aprender o conforme a los insumos de temporada". Han aprendido a elaborar desde pan de naranja y panqués hasta gelatinas de oreo y mosaico, y paletas de yogurt, guanábana y coco, menciona la tallerista.
En todo este proceso, añade, a ellos se les inculca la importancia de respetar las reglas de higiene y seguir paso a paso el proceso de elaboración de los productos, para que así desarrollen sus habilidades. Todos usan gorro, mandil, cubrebocas y cumplen la técnica de lavado de manos, tal como se enseña en cada uno de los módulos.
Mientras uno pesa, otro cierne, otro corta galletas, y se van identificando a los alumnos con mayores habilidades para alguna tarea en específico. No obstante, en caso de que algún joven no desarrolle la competencia en un mes, se vuelve a reforzar la actividad tanto en la escuela como en el hogar, con la ayuda de familiares.
Admite que el taller está lleno de necesidades. “Nos falta el horno y una amasadora para trabajar los panes, que son fundamentales en la elaboración y el proceso de fermentado y horneado”, ventila.
El Taller de Panadería surgió en 2022, porque se detectó que cuando el estudiante especial concluía su nivel secundaria, muchos ya no seguían preparándose. A través de la Dirección de Educación Especial se logró echarlo andar, y desde entonces se ha logrado rescatado a varios egresados de ciclos anteriores que estaban inactivos y que ahora aprenden un oficio para que obtengan un ingreso.









