El estacionamiento sur de Galerías Tabasco 2000, se convirtió en un hervidero de emociones, risas y música desbordante. El Futura Fest, el festival de música que, aseguraban no sería igual a algún otro evento, logró lo que pocos han conseguido: reunir a personas de todas las edades para compartir una experiencia inolvidable, donde el baile, los cánticos y la alegría fueron los grandes protagonistas.
Familias completas, grupos de amigos, y hasta generaciones enteras, se unieron en un ambiente festivo y cálido, como si el tiempo se hubiera detenido para darles espacio a los recuerdos y a la diversión.
Kumbia Kings, Margarita la Diosa de la Cumbia, Matute, y los locales Y Quién Nos Va A Pagar? y Matty y los Palafox, ofrecieron actuaciones que fueron el verdadero viaje en el tiempo para muchos. Las canciones que resonaron en el escenario no solo hicieron bailar a los más jóvenes, sino que despertaron la nostalgia de quienes crecieron con esos himnos musicales que han marcado generaciones.
Gladys Sánchez, y su esposo, José Gutiérrez, son un feliz matrimonio que asistieron a este magno evento, para bailar y disfrutar de la música.
“Venimos a divertirnos, a bailar”, dijo Gladys, mientras contaba que a quien más esperaba ver, era a Margarita “La Diosa de la Cumbia”; en el caso de José, él estaba ansioso por escuchar a Matute.
Gladys, en un momento emocional, contó lo que para ella, es lo más importante de asistir a este tipo de eventos.
“Yo creo que lo más importante es con quien venimos, ahora sí que la música se presta, pero es la compañía la que hace que la noche se pase contenta”.
Una prueba de que la música no conoce diferencia de edades, son Sadoc Vicades, quien estaba muy feliz de poder haber asistido al Futura Fest con su madre, Rusila Cuba. Ambos se enteraron del festival por un anuncio en la radio, y lo más impresionante de todo, fue que esta fiesta los hizo convivir por primera vez entre madre e hijo.
“Esto es excelente, es la primera vez que coincidimos para ir a algo así”, dijo Rusila, cuando de repente Sadoc, comentó que “todo fue magnífico, saqué a bailar a mi madre toda la noche, la hice sentir como una quinceañera”.
La juventud tampoco faltó, y es que Jorge Torres y Raúl Beltrán, amigos desde la secundaria, y que actualmente cursan la universidad, se mostraron energéticos por la actuación de Matute, demostrando que a pesar de ser de otra generación, disfrutaban de los clásicos.
“Yo creo firmemente que la música no caduca, yo canté con mi compa las de Luis Miguel, las de los Bee Gees, y no nos sentimos nunca fuera de lugar, me llevo una gran experiencia, cualquier plan con mi mejor amigo, es un excelente plan”, dijo Jorge.
Un tabú que se desmintió en el Futura Fest, es que para ir a un concierto, hay que ir en compañía. Eduardo es un joven que compró dos boletos para disfrutar con una amiga, de Margarita “La Diosa de La Cumbia”, sin embargo, por azares del destino, al final su compañera tuvo que cancelar su asistencia.
A pesar de ello, Eduardo no se desanimó y fue al festival musical, y estuvo ahí desde el principio, hasta el fin.
“A pesar de que no pudo venir mi amiga, yo disfruté, porque los artistas hacen que el ambiente se ponga bueno, sin importar si estás sólo o acompañado, me la pasé muy bien este día”, dijo el joven.
Se pudo ver convivencia entre parejas, amigos, madres e hijos, e incluso, en personas que llegaron solas, pero también hubo hermanos que revivieron viejos momentos con los hits de su pasado.
Rina y Mariza Marín, son hermanas que en su adolescencia, disfrutaron de la música de los 80s, es por ello que cuando se enteraron que Matute estaría presente en el Futura Fest, no lo pensaron dos veces, y compraron sus entradas.
“Me dio mucha felicidad y nostalgia haber estado aquí, escuchando junto con mi hermana los éxitos que tanto bailamos de más jóvenes, fue como revivir el pasado”, dijo Rina, mientras que Mariza reafirmó diciendo que “Estos son los momentos que uno guarda en su corazón, y que dan gusto recordar en el futuro”.
Sin lugar a dudas, lo que destacó del Futura Fest fue la conexión que se creó entre los asistentes. No importaba la edad, todos compartían una misma pasión por la música y el buen ambiente. Los abrazos entre amigos, las risas que se compartían entre extraños, y el simple hecho de ver a padres e hijos disfrutando de un mismo show, llenaron el evento de un calor humano que solo la música puede generar.










