Una sombra de luto se cierne sobre la carretera Coatzacoalcos–Cárdenas. Un violento impacto arrebató la vida a Juan Daniel “N”, presuntamente un dedicado trabajador del ingenio azucarero Presidente Benito Juárez. El destino cruel lo alcanzó en el kilómetro 121, a escasos metros de la esperanza de la seguridad, en un punto que se convirtió en su última parada.
Juan Daniel conducía su automóvil compacto, regresando del ingenio con dirección a Coatzacoalcos, quizás pensando ya en el descanso merecido tras una jornada de esfuerzo. Pero la vía se convirtió en un escenario de pesadilla. Según las versiones, su unidad chocó de forma brutal y frontal contra la caja de un tráiler estacionado o realizando maniobras de manera incierta sobre la vía.
El estruendo del impacto fue seguido por el pánico. El vehículo, destrozado, se detuvo cerca del camellón central y, ante la mirada atónita de los primeros testigos, comenzó a ser devorado por las llamas. Héroes anónimos que circulaban por la zona no dudaron un segundo. A riesgo de sus propias vidas, se lanzaron a la humeante cabina, luchando contra el fuego para sacar al infortunado conductor.
Lo lograron. Sacaron a Juan Daniel del infierno metálico, pero la vida ya se había escurrido entre sus manos. A pesar de los desesperados esfuerzos, la magnitud del golpe había sido fatal. El hombre yació sin vida en el frío asfalto, un trágico tributo a la fatalidad de la carretera.
Elementos de Seguridad Pública y Protección Ciudadana acordonaron el lugar, marcando el sitio de la tragedia con cintas amarillas. La Fiscalía General del Estado tomó conocimiento del doloroso hecho, iniciando las diligencias para esclarecer el suceso. El cuerpo de Juan Daniel fue levantado para ser trasladado al Servicio Médico Forense, dejando atrás un camino de azúcar y ahora, una amarga estela de dolor y vacío entre sus compañeros y familiares. Una vida apagada de manera abrupta, una víctima más de la implacable carretera.









