TABASCO.- Después de pensárselo varias veces, Doña Aurelia Vázquez Gómez me encarga, como quien pide un favor que requiere de mucha vergüenza, que me diera una vuelta por el parque que transita todas las tardes en penumbras y a costa de ser víctima de la delincuencia.
Solo al terminar de hablar de los drenajes inservibles y de los múltiples baches de la avenida Paseo de la Sierra en la colonia Primero de Mayo, me confiesa la razón: el abandono de la unidad deportiva de la Colonia Guayabal.
“El parque se ve muy abandonado. Deberían ponerlo bonito para que la gente vaya a hacer deporte y se vea como estaba antes: muy bonito con focos, hasta alfombradito adentro. Pero ahorita ya no está así (...) no lo limpian, se ve sucio”, explica la señora que junto a su esposo han pasado más de dos décadas yendo y viniendo, en un parque que al menos desde hace diez años se ha ido deteriorando.
Días después, llego por la mañana al sitio donde sólo transitan tres personas: un individuo que se está cambiando de prendas en las gradas de un campo, un sujeto a lo lejos que calienta para trotar, y yo. Afuera, entre ratos, suenan las sirenas de alguna unidad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC). Sus oficinas están en frente. De inmediato el abandono te recibe de una forma distinta a la soledad de sus campos: unos tubos en la entrada están por caerse.
Luego le sigue toda una serie de daños a la infraestructura: bancas de metal agujereadas y oxidadas; bancas de concreto en escombros y con basura; las vallas de protección que encierran la unidad deportiva forzadas y rotas; postes de iluminación inservibles; hasta huecos vacíos donde antes estuvo una luminaria en pie.
Al llegar a otra de sus tres entradas, comerciantes de comida son parte del bullicio, pero también responsables de cierto encharcamiento y residuos tirados en lo que más daño ha recibido: la pista de atletismo. Allí es donde encontré a un asiduo corredor retirado de 84 años.
Jesús Márquez viste una playera sin mangas, porta una gorra con una altura de esas que parecen ‘buchonas’ y unos lentes cuadrados que le cubren más allá de las cejas. Eso le dan una aspecto más joven, pese a que su rostro dan muestra de sus más de ocho décadas. Pero la fuerza de sus huesos y músculos no corresponde con su edad.
Él era quien estiraba a lo lejos, previo a una de sus rutinas de ejercicio. Por su matrimonio arribó a Tabasco hace años y compitió en distancias largas por más de dos décadas. Pero ya hace algún tiempo que dos o tres veces a la semana asiste a esta deportiva con el objetivo de sólo ‘mantener bien el cuerpo’. El tiene un dato más precisos: este parque ha tenido dos sexenios de abandono.
“Estaba preciosa la pista, bien pintada, había luminarias. Pero a través del tiempo no hubo vigilancia, no hubo nada y todo esto se perdió. Empezaron a robar los cables, los focos, los postes, se empezaron a llevar todo”, afirmaba el ex corredor, quien asegura este parque no recibe, en absoluto, un mantenimiento que beneficie a los deportistas.
Él, quien recorre cada kilómetro de la deportiva, califica como una ‘invasión’, lo que los comerciantes de comida han hecho en uno de los rincones de este parque. “La mera verdad están invadiendo aquel lado de la pista. Ya no se puede hacer nada y ponen mesas y no se puede hacer nada ya. Esto es lo que queda de la deportiva”, lamenta.
Incluso, recuerda la asistencia de estudiantes del Conalep, quienes poco a poco fueron ahuyentados junto a los demás deportistas por gente que llega a ingerir bebidas alcohólicas dentro de las instalaciones sin vigilancia, aún con la ironía de que tienen de frente las oficinas de la policía.
“No pueden entrar las mujeres que hacen deporte (...) tienen miedo de entrar porque sinceramente, aquí se juntan los borrachos. Por eso es que ya, como quien dice, se escaseó las personas que hacen deportes”, señala Jesús Márquez.
Sin embargo, las personas que llegan a emborracharse no se limita a gente en situación de calle, sino también entre quienes llegan a practicar algún deporte, en especial el futbol.
“Si alguien llega a practicar su deporte, no lo pueden hacer, precisamente porque se junta mucha gente que empieza a tomar”, y sienten “miedo, a que te falten el respeto (...) principalmente las mujeres y no se puede hacer gran cosa”.
Más adelante, ya desde afuera del parque, lo veo pasar corriendo a buen ritmo y pienso en su edad, más su esperanza: el arreglo de la pista sobre la que pasa rumbo a la novena década de su existencia.
Rodeada de obras multimillonarias
Al dar una búsqueda rápida por internet, es fácil encontrarse con más notas de medios locales sobre la situación de abandono de esta deportiva, sin que, con la denuncia, haya cambiado algo.
Lo que sí ha cambiado es su alrededor. A poca distancia se encuentran dos obras urbanas que costaron cientos de millones de pesos.
La primera es el distribuidor vial de Guayabal, con un costo final de 503.6 millones de pesos, según el último informe del Gobierno anterior.
Mientras que recientemente y con mucho tiempo de retraso, se terminó de reubicar al reloj floral por cuarta ocasión. Y pese a que no haya hasta el momento, de manera oficial, el gasto total de la obra, la última vez que fue removido, en el trienio 2018 - 2021, se realizó una inversión de un millón 400 mil pesos.






















