TABASCO. De por si es raro ver un refrigerador en el malecón, lo es todavía más encontrar uno repleto de libros. Este es el caso del Bibliorefri, una iniciativa particular para el intercambio y la donación de libros, disponible para quien quiera acercarse a la lectura sin gastar un solo peso.
Esta actividad tiene como fin el intercambio de conocimientos entre las personas que se congregan en este espacio público durante los domingos.
En lugar de lechuga, carne, huevos o cerveza, el refrigerador que la Coalición de Libreros Urbanos de la Zona Luz trae consigo, son libros de múltiples tonos y géneros, como Casi el Paraíso de Luis Spota o Una Vida a mi Manera de Chano Toledo, entre otros.
El Bibliorefri está custodiado por Rigoberto Reyes Baeza, miembro de la Coalición y vendedor de libros en el Barrio Mágico, aunque los del interior del frigorífico no están en venta, espera pacientemente la llegada de más ejemplares, porque quien deja un libro tiene derecho a llevarse otro.
Esta recolección nace como una red de intercambio a cargo de Laura Viscarra en Sinaloa. Ella es promotora cultural, la propuesta surge también con el propósito de la donación y promoción de los libros, la lectura y el arte en general. El proyecto tiene presencia internacional en países como Argentina, Colombia y República Dominicana.
“Es la segunda vez que lo traemos al malecón, nos han donado muchas enciclopedias, tenemos libros de cuentos, de poesía, de historia, narrativa, de política, de derecho”, comenta emocionado, Rigoberto al confirmar que las personas que asisten a las Tertulias del Grijalva han acogido bien la actividad.
DIFUSIÓN DEL CONOCIMIENTO
Pintado en sus costados por el artista de Cárdenas, Fernando Arellano, y su esposa Daniela, se muestra a un colibrí en la puerta, una cabeza Olmeca siendo acompañada de pobladores indígenas, y también una representación cosmogónica del cielo nocturno trazada en una de sus paredes.
Ambos fueron los responsables de pintar por encargo el aparato electrodoméstico. Él trató de mostrar la cultura Maya y ella la Olmeca, con el concepto de los conocimientos astronómicos y matemáticos de las antiguas civilizaciones.
Fernando Arellano explica que todo surgió al poner sobre la mesa la idea de traer un refrigerador que ya nadie usara para darle este sentido de una nueva vida a un objeto ya ”inservible” en la mayoría de los casos, haciendo una analogía de lo que puede ser la vida, para ellos es satisfactoria su participación en este proyecto.
“Precisamente le está dando una segunda vida a un objeto que encuentras en todos los basureros... que igual es una contaminación que estamos creando por la fibra que trae adentro... tu abres el refri y la analogía es de que está dando alimentos pero ya para el alma, al conocimiento, al espíritu, es muy bonito a como se planteó el proyecto desde el principio”, explica el artista.
Otro de los Bibliorefris fue donado a una secundaria en Pomoca y se espera que Laura Viscarra expanda el alcance de este proyecto a Canadá. La próxima parada de esta iniciativa será la Feria Internacional del Libro en la UJAT en el próximo mes de marzo.








