TABASCO. Daniel Sánchez y Diana Vázquez son dos vecinos de la calle Escritores de la colonia Gaviotas Sur que desde hace casi año y medio sortean las peripecias que implican transitar por la zona.
Calles enlodadas e intransitables, el “tráfico infernal” y el aturdidor ruido que proviene de la construcción del nuevo puente Grijalva II, ya abierto a la circulación vehicular pero no terminado, se han convertido en el “martirio diario” de ambos, que al igual que cientos de colonos, sufren del estrés y el malestar que provocan las “interminables” obras del proyecto de infraestructura.
El puente fue abierto ayer lunes por autoridades del Gobierno del Estado, pero la queja de muchos vecinos ahora radica en el problema que se vive debajo de la nueva estructura. “Las combis (del transporte público), pochis, y taxis se atraviesan para pasar de Gaviotas Norte a Gaviotas Sur, exponiendo a los usuarios y provocando mayor tráfico”, denuncian.
Critican que a este desorden, se suma la mala ubicación de rampas de acceso y de salida “muy mal planeadas”. La obra, que para los habitantes y trabajadores del lugar parecen eternas, tuvo un costo 230 millones de peso.
“Me he sentido tenso por el tráfico, hay problema con la calle, la compañía constructora no tiene orden, sobre todo mantener un poco más limpio”, acusa don Daniel Sánchez, quien diariamente usa botas de hule para evitar el lodo que mantiene enfangado todo ese sector.
Además, eleva la voz para externar su molestia, “porque en muchas ocasiones, sin avisar, cierran el registro de agua potable y les interrumpen el servicio”.
Sánchez no es el único inconforme por las obras que retumban en las puertas de los hogares. Doña Diana acusa que los trabajadores han tenido aptitudes negligentes durante los casi 17 meses que lleva la construcción.
Dañan vehículos, dejan la maquinaria atravesada e interrumpen el paso hacia las calles, incluso en días en los que no laboran, reprocha la denunciante.
“Hay semanas en las que no podemos ni siquiera entrar ni salir porque están sus máquinas, los fines de semana que ellos no trabajan no se puede hacer nada (…) ellos no se hacen responsables de nada de lo que pase aquí, han pasado ocasiones en que rayan o chocan carros y no se hacen responsables”, denuncia.
Para la psicóloga Ariadna Pérez Dagdug, estas situaciones generan “mucho estrés entre los ciudadanos”. Explica que a esto hay que añadirle el efecto que el malestar provoca en el estado anímico de quienes viven ansiedad e incluso depresión.
“La irritabilidad es como un gasto energético, hace que se no quite el hambre y el sueño (…) estar sometido a un ruido constante daña nuestros oídos y provoca situaciones en las que te encuentras de malas o mecha corta”, diagnostica la experta.
TRUENAN NEGOCIOS
Al impacto en lo social, se agrega otro factor: la afectación en lo económico.
“Aquí los negocios están muertos, hay que salir a buscar trabajo, llegan los clientes que nos conocen, pero no vienen todos los días, muy de vez en cuando”, se sincera Tilo Méndez, un trabajador de un taller eléctrico de automóviles, quien recurre a venta de plásticos o fierro viejo para poder conservar un ingreso.
El eléctrico asevera que desde que inició la construcción del puente, en agosto de 2023, “ha habido semanas enteras en las que no hemos podido abrir el taller”. Atribuye este efecto a la imposibilidad que tienen los clientes para acceder a la ubicación del lugar donde arregla los automóviles.
Por periodos prolongados, el ingreso que obtienes por esta actividad asciende a “cero pesos”, ironiza.
Situación similar vive Jorge “N”, dueño de una frutería y carnicería que está cerca de la construcción. De plano, él ya no puede exhibir sus productos a lo largo del día, puesto que todo se llena de polvo. Por si fuera poco, su clientela habitual ha dejado de comprarle por las malas condiciones que tienen las calles.
“Con las obras la gente se retiró y ya nadie quiere venir para acá (…) como levantaron todo lo que fue concreto e hicieron excavaciones, el polvo nos llegaba de frente, hasta la fecha nos sigue llegando, lógico que la gente no quiere sus productos embolsados”, increpa.
La crisis, se lamenta don Jorge, ha sido más dura en esta cuesta de enero.
NO VEN EL FINAL
Algo que tienen en común los habitantes de la calle Escritores, además de las afectaciones, es que no ven la luz al final del túnel con la obra. El puente ya está casi terminado, pero a las avenidas aledañas, que forman parte de las tareas complementarias, “les falta un mundo”.
“La verdad es frustrante, porque como tal no han terminado y por lo que vemos el puente ya está en función y se van a tardar más en componer las calles”, coinciden.









