El clamor de Odilia Vázquez resonó en los pasillos de los juzgados, un eco de dolor y exigencia. Roberto Hernández, su hijo, un motociclista cuya vida fue truncada violentamente en las calles de Iztapalapa, se había convertido en un nombre más en la lista de tragedias. Y al término de la audiencia, la madre, devastada, presenció cómo la justicia daba un primer y doloroso paso: prisión preventiva justificada para Gaby, la presunta responsable.
La tarde de este miércoles, en los juzgados de oralidad de la colonia Doctores, Odilia, con el alma desgarrada, estuvo presente. La sesión, de casi dos horas, se convirtió en una tortura silenciosa. "Pues la ocultaron, la ocultaron, no pude verle la cara. La voltearon hacia la pared y pues no pude verla, pero sí es algo, son unos sentimientos encontrados muy doloroso para mí", confesó con voz entrecortada, al no poder confrontar a la mujer imputada por el delito de homicidio calificado en agravio de su hijo.
Fuera de la sala, la voz de Wendy Leyva, expareja de Roberto, se alzó con la promesa de un amor eterno y una fe inquebrantable en la justicia: "Te amo mi vida y aquí estamos, y la justicia se va a hacer para ti, para que estés en paz".
Un día después de su detención en Oaxaca, Gaby "N" escuchó el veredicto del juez de control: prisión preventiva justificada. Permanecerá recluida en el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla, con la incertidumbre pendiendo sobre ella hasta el próximo 16 de febrero, día en que se definirá si es vinculada o no a proceso. La espera por la verdad y la paz apenas comienza.









