CHIAPAS. Por medio de una carta, obispos de Chiapas y Guatemala piden parar la ola de violencia en las comunidades de Chiapas, que ha ocasionado el desplazamiento forzado de miles de personas en estos últimos meses. Así como, el desarme a los grupos criminales y respeten la vida y el patrimonio de estas comunidades.
Líderes católicos se pronuncian en apoyo a las víctimas de violencia en Chicomuselo, Frontera Comalapa, Amatenango de la Frontera, Jaltenango, Bejucal de Ocampo, Siltepec y Motozintla, pues la vida cotidiana en esos municipios se ha convertido en un campo de batalla, manifiestan.
Esas regiones, antaño caracterizadas por su lucha pacífica en defensa de la vida y la tierra, hoy enfrentan una crisis, marcada por la violencia y el terror impuestos por grupos criminales que disputan el control del territorio, asentaron.
Hombres, mujeres y niños son forzados a participar en esa guerra, muchas veces convertidos en escudos humanos para proteger los intereses de quienes han sembrado el caos en la región. Las armas de alto calibre se descargan indiscriminadamente, arrancando vidas que hasta hace poco se dedicaban a la defensa de la dignidad y el servicio comunitario, inspirados por la fe y el compromiso con su pueblo.
Los líderes católicos enfatizan que la violencia ha cobrado una gravedad aún mayor en el contexto de las elecciones extraordinarias programadas para el 25 de agosto en Chicomuselo, Pantelhó y Capitán Luis Ángel Vidal. Lejos de ser un ejercicio democrático, el proceso electoral ha intensificado la violencia, agravada por intereses económicos, políticos y extractivistas que ven en estas tierras una oportunidad para el saqueo, sin importar el costo humano.
En este contexto, exigen que se detenga la violencia. Los obispos de San Cristóbal de las Casas, la Conferencia del Episcopado Mexicano, Obispo de San Marcos, Guatemala, la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, Obispo de Huehuetenango, Guatemala y el Pastoral de Movilidad hacen un llamado a las autoridades para desarmar y desarticular a los grupos criminales que asolan Chiapas. “La vida es sagrada”, afirman, recordando que cada gota de sangre derramada clama al cielo, exigiendo justicia.
Mientras tanto, muchas familias han huido, buscando refugio más allá de las fronteras.
Resaltan que la situación en Chiapas es insostenible y requiere una intervención urgente, no solo para restaurar la paz, sino para garantizar que la vida y la dignidad de esos pueblos no sigan siendo sacrificadas en un conflicto que no les pertenece. La demanda es clara: ¡Paren la violencia, desarmen a los grupos criminales y respeten la vida y el patrimonio de estas comunidades!, sentencia el comunicado.











