TABASCO. Mientras cientos de estudiantes celebran el fin de una etapa y el inicio de otra, algunos comerciantes de arreglos se convierten en una figura indispensable. No sólo ofrecen recuerdos memorables, sino también tejen una historia de esfuerzo y dedicación para sacar adelante a su familia.
Para Alondra Leyva, la venta de estos productos es más que un simple negocio; es un trabajo extra que surgió tras la pandemia para complementar sus ingresos principales, los cuales, lamentablemente, ya no le alcanzan. "La situación está muy dura y hay que buscarle de qué y por dónde", comenta Alondra, reflejando una realidad que enfrentan muchas familias mexicanas.
Esta temporada de graduaciones, que abarca principalmente junio y julio, representa un pilar fundamental para la economía de su hogar. Los ingresos obtenidos son un gran alivio, especialmente de cara a los inminentes gastos escolares.
"Nos ha sacado de mucho apuro, ahorita por decir, vienen gastos escolares. Eso a nosotros, nada más con un trabajo sí se nos ve duro", explica Alondra, con la preocupación por los útiles escolares muy presente.
Lo que hace aún más especial el emprendimiento de Alondra es que cada artículo no es solo vendible, sino que también es una artesanía elaborada por sus propias manos. Esta dedicación no solo le permite recuperar su inversión, sino también generar ganancias significativas, convirtiendo su negocio en uno rentable a pesar de la competencia. Su compromiso es tal que, a veces, puede visitar hasta tres graduaciones en un sólo día.









