VILLAHERMOSA, Tabasco.— Madrugaron y, aún así, no alcanzaron su objetivo. Llegaron de varios municipios con todo tipo de demandas para hablar con su paisano, el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Fueron unos 200 tabasqueños que, entre pancartas y protestas, se apostaron frente a la 30 Zona Militar, a esperar a que concluyera la primera mañanera del año nuevo.
Una joven esposa que clamaba por la búsqueda de su marido, un policía desaparecido durante los disturbios violentos del 22 de diciembre en Tabasco, compartía calle con líderes de Nacajuca, que pedían el fin del cacicazgo de la familia Silbestre Álvarez en el municipio.
Había también trabajadores de salud del área de vectores, maestros jubilados y pensionados del ISSET, ex trabajadores de Pemex y hasta una comerciante que denunciaba el desalojo de su puesto, en el mercado de la Sierra.
El presidente llegó a las seis de la mañana, y solo algunos lograron entregar sus peticiones de mano; los demás esperaron infructuosamente el término de la conferencia, y tuvieron que conformarse con entregar sus demandas al personal de apoyo mientras el helicóptero con el paisano a bordo sobrevolaba sobre sus cabezas.
Durante casi tres horas en las que López Obrador habló de las próximas elecciones, las obras de gobierno en Tabasco, la democratización del Poder Judicial y el crecimiento del sureste de México, el ánimo fuera del batallón era de enojo, frustración y desencanto, al grado de que se escuchó decir que en las próximas elecciones habrá voto de castigo.












