El velo de una supuesta "paz duradera" prometida por el gobierno estatal se rasgó abruptamente este domingo, cuando la cruda realidad de la violencia se manifestó de la manera más escalofriante. El hallazgo de una nevera abandonada con restos humanos, a la altura de la ranchería El Espino, sobre la carretera federal Villahermosa–Frontera, ha desatado una ola de terror e incertidumbre entre los habitantes.
La tarde de este domingo, la tranquilidad se rompió con el aviso desesperado de vecinos al 911, que reportaban un objeto inquietante a un costado de la vía. Lo que siguió fue una movilización de fuerzas de seguridad que, lejos de infundir calma, solo sirvió para confirmar el creciente estado de indefensión en que se encuentra la ciudadanía.
Elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) acordonaron el área, en un sombrío escenario examinado minuciosamente por personal de la Fiscalía General del Estado (FGE). La macabra diligencia busca determinar las circunstancias de este escalofriante suceso que sacude los cimientos de la seguridad pública.
El silencio oficial ha sido ensordecedor. Las autoridades mantienen un mutismo que alimenta la zozobra y contradice la urgencia de transparencia que exige un hecho de esta magnitud.
Este evento no es un hecho aislado; es un doloroso recordatorio de que la promesa de un Tabasco en paz pende de un hilo, amenazada constantemente por la barbarie. La presencia de la muerte en plena carretera federal, una arteria vital del estado, grita la necesidad de acciones contundentes que devuelvan la seguridad y desmantelen las estructuras que han hecho de la violencia su ley.









