QUINTÍN ARAUZ, Centla, Tabasco.— «Se nos acabó toda la abundancia que había, como el pescado. Nosotros pensamos que nunca se iba a acabar, pero sí se acabó. Hoy vas a pescar, y es bueno si agarras para la comida», es el lamento de don Carmen, quien toda su vida la ha pasado en Quintín Arauz.
El pescador, de 69 años de edad, se dedica a «su terrenito», a la pesca y a cuidar de «unos animalitos». Con ese patrimonio ha sacado adelante a sus cinco hijos, tres de los cuales viven fuera del pueblo.
Sin empresas y sin industrias generadoras de empleo, en ese poblado del municipio de Centla, la economía se mueve básicamente por el apoyo de los programas sociales que las familias reciben del Gobierno Federal.
Así lo reconoce don Lázaro Pérez, quien señala que con eso y lo que reciben en tiempos electorales muchas familias han podido conseguir lo que tienen, hasta la construcción del puente.
«Hoy si llega un beneficio es del gobierno federal, el estatal desapareció de los poblados, pero eso sí, el voto sí lo quieren, ¿el municipal?, ¡desapareció de los poblados!, pero espérense al voto», puntualizó.
MIGRACIÓN JOVEN
Es por esta falta de oportunidades que muchos jóvenes prefieren buscar su desarrollo personal y profesional fuera de su terruño. En cada familia, al menos un integrante anda fuera de casa trabajando o estudiando. El boom petrolero, en los años 80 los acercó a Paraíso, Ciudad del Carmen y hasta Campeche. Y luego el auge del turismo, hizo que se desplazaran a Cancún, desde donde ya es más difícil volver.
Según el Censo de Población y Vivienda 2020, la población laboral en la comunidad representa el 57.13% y tiene un grado de estudios de 8.43, lo que indica que su nivel de escolaridad es de secundaria. Y es precisamente entre los jóvenes con estudios que se da la migración.
Antes se daba en población sin estudios, que tenía que abandonar la tierra para buscarse el sustento en otro lado, como don Hermenegildo Sánchez, quien fue criado por sus abuelos. «Yo no pensé dejar nunca a mí pueblo. Aquí nací. Aquí quería vivir porque no hay gente que contamine la comunidad», señala.
Contra ese deseo de arraigo, don Hermenegildo tuvo que buscársela de joven fuera. «Anteriormente no había trabajo, no había nada, yo me fui un tiempo a trabajar a Ciudad del Carmen, después a Villahermosa. Era trabajador en un barco camaronero. Orgullosamente regresé porque no tengo vergüenza de mi raza, soy el mismo».
El deseo de todo quintinense es el mismo, que haya fuentes de empleo suficientes para que sus hijos no se tengan que ir. «Porque estando aquí, ¿a qué se van a quedar?, aquí no hay nada», reconoce don Carmen Damián.









