TABASCO.- En los límites de la colonia Gil y Saénz (El Águila), frente a la Fiscalía General del Estado (FGE) de Tabasco, se encuentra un oasis de sabor y esfuerzo: la taquería de Doña Tere, un punto de encuentro para cientos de personas que transitan por la avenida Usumacinta.
Y vaya que hay afluencia. Por allí se ubican, además de la FGE, la Universidad Alfa y Omega, una estación de Radio, la Secretaría de Educación de Tabasco (Setab) y la 30 Zona Militar.
Doña Tere, de cabellos grises y ojos almendrados, ha convertido su taquería en un símbolo de perseverancia y amor maternal.
En 2014, impulsada por la necesidad de apoyar a su primer hija en sus estudios universitarios, y a pesar de estar recién aliviada de un bebé, doña Tere comenzó vendiendo platanitos rellenos con tan sólo 50 pesos en su bolsa.
"Yo anteriormente era ama de casa. Estaba sujeta al sueldo de mi esposo. Si teníamos para comer huevo, comíamos huevo, si había para comer frijol, frijol, si había carne, carne. Pero ¿qué me trae aquí? Que mi hija entra a la universidad", relata la señora.
Tras seis meses de vender platanitos, fueron los mismos transeúntes quienes solicitaron tacos. Doña Tere, con su visión emprendedora, no dudó en complacerlos. Al principio, guardaba los tacos en trastes de plástico, luego de cristal, y los vendía sin permiso alguno.
"Fui paciente, esperé, porque no te puedes desesperar en este lugar. Le dije a mi hija: si es de Dios que nos quedemos en este lugar, nos vamos a quedar, y si no, pues nos vamos a ir, porque tampoco podemos estar irregularmente", recuerda, al no olvidar los obstáculos que enfrentó para obtener un permiso y establecer su negocio.
Después de un año de espera y mucha insistencia, doña Tere obtuvo un permiso provisional que le permitía instalarse y desinstalarse diariamente. En 2018, logró conseguir el permiso definitivo y construir una estructura fija para su taquería.
"No ha sido nada fácil. Trabajamos en la mañana y nos vamos de aquí al mercado a hacer las compras del siguiente día. Ahora dobleteamos turno y pues tenemos que trabajar", comenta.
El éxito radica en la frescura y calidad de sus alimentos. "He ido pensando: así como me gusta comer en mi casa, también que la gente coma esos tacos frescos todos los días", afirma.
Desde las 3 de la mañana, se dedica a preparar los guisos que ofrece en su taquería: alambre, rajas, chicharrón, bistec, a la mexicana, deshebrada, carne, pierna y pollo guisado, entre otros.
"Eso es a lo que la gente le ha gustado: que nosotros podamos ofrecerle algo que esté fresco. Yo personalmente checó que todos los ingredientes de la comida estén frescos y que ninguna de las personas que vienen a este lugar, les haga daño a nadie", asegura.
Su jornada laboral inicia a las 3 de la mañana y termina entre 2 y 3 de la tarde, para después ir al mercado a comprar los ingredientes del día siguiente y preparar los guisos más laboriosos. En total, trabaja 16 horas al día.
"La mujer hoy es más libre de buscar la manera de sobrevivir, y pienso que si cada una de las mujeres buscamos la forma de salir adelante, hay que echarle los kilos, no nos podemos quedar en la casa porque no hacemos nada ahí, la verdad", reflexiona, sobre el papel de la mujer en la sociedad actual.
A pesar de las dificultades, doña Tere se siente feliz y orgullosa de haber sacado adelante a sus dos hijas, de las que una está por graduarse de la universidad.
"Estoy feliz, tranquila, me siento en paz, porque sé que a mis hijas las he apoyado con su carrera y voy viendo que va a mejorar su futuro. A lo mejor yo me convertí en taquera, pero ellas más al rato pueden ser mejor que yo. Eso es lo que uno busca como padres, que se superen. Es lo más importante", concluye la señora, con una sonrisa en el rostro.









